Gustavo Petro, quien en 2021 promovió las marchas y el estallido social contra la reforma tributaria de Iván Duque, hoy como presidente radica una propuesta aún más dura y recaudadora. La incoherencia y el fracaso en la gestión fiscal confirman que este gobierno no estaba preparado para gobernar.
Como presidente del Concejo de Medellín, y como ciudadano que ha sido testigo de los últimos años de convulsión social en Colombia, no puedo dejar pasar por alto la incoherencia del actual gobierno.
En 2021, cuando el expresidente Iván Duque presentó una reforma tributaria, Gustavo Petro, entonces senador, se encargó de incendiar al país. Con discursos incendiarios, alentó a miles de jóvenes a salir a las calles, promovió el llamado “estallido social” y utilizó la indignación popular para fortalecer su proyecto político. La narrativa era sencilla: no más impuestos, no más cargas para el pueblo.

Hoy, apenas cuatro años después, es Petro quien, desde la Casa de Nariño, radica una reforma tributaria que busca recaudar 26,3 billones de pesos: la más grande y agresiva de la historia reciente. Una tributaria que grava a la clase media, a los empresarios, a los sectores productivos y hasta a la cultura, los espectáculos y el deporte.
El contraste es brutal:
- A Duque lo acusaron de querer ahogar al pueblo con impuestos, pero Petro hace exactamente lo mismo, y peor.
- Quien antes agitaba las calles contra la tributaria, hoy se aferra a ella para tapar el hueco fiscal generado por la improvisación de su gobierno.
- Se evidencia un Estado que gasta sin control, que reparte mermelada política y que ahora pretende que los colombianos paguen las consecuencias.
La pregunta es inevitable: ¿dónde está la coherencia de un presidente que ayer se erigía como defensor de la gente y hoy le da la espalda con la tributaria más abrasadora?
No se trata solo de números, sino de confianza. Los colombianos perciben un gobierno incapaz de administrar los recursos, de priorizar el gasto público y de generar inversión. Y frente a esa incapacidad, la única salida que ofrecen es la misma que tanto criticaron: más impuestos.
Este país necesita un rumbo distinto. Uno en el que la eficiencia en el gasto, la austeridad y la responsabilidad fiscal estén por encima de la improvisación y la demagogia. Colombia merece un gobierno preparado, serio y coherente. Lamentablemente, hoy no lo tiene.
Sebastián López
Presidente del Concejo de Medellín