Como concejal de Medellín por el Centro Democrático, cuestiono la postura del presidente Gustavo Petro frente a las alertas de un posible atentado en Antioquia y exijo firmeza real del Estado en materia de seguridad.
La seguridad en Antioquia y en Medellín no puede convertirse en un debate semántico ni en una discusión política coyuntural. Cuando se conocen alertas sobre un posible atentado contra el alcalde de Medellín y el gobernador de Antioquia, la única reacción responsable del Estado es activar todos los mecanismos de protección y prevención.
El presidente Gustavo Petro afirmó que “no hay evidencia alguna de un atentado en Hidroituango” y que desconoce las razones por las cuales no asistieron a una reunión. Más allá de la controversia política, el fondo del asunto es la política de seguridad en Colombia y la manera como el Gobierno Nacional enfrenta las amenazas terroristas.
En un país con antecedentes de violencia política, las alertas sobre un posible ataque con dron atribuido a disidencias de las FARC no pueden tratarse con escepticismo público. La seguridad en Medellín, la seguridad en Antioquia y la protección de sus mandatarios son asuntos de Estado. La prevención no es exageración; es una obligación constitucional.
Seguridad en Medellín y Antioquia: prevención, inteligencia y autoridad
La historia reciente de Colombia demuestra que minimizar amenazas puede tener consecuencias irreparables. Por eso insisto en tres principios fundamentales para fortalecer la seguridad en Antioquia:
- Inteligencia estratégica articulada entre Gobierno Nacional, Fuerza Pública y autoridades territoriales.
- Uso de tecnología avanzada, incluyendo sistemas de detección y neutralización de drones.
- Mensaje político claro y contundente frente a cualquier grupo armado ilegal.
La seguridad ciudadana en Medellín no puede depender de percepciones ni de narrativas. Requiere decisiones firmes, coordinación interinstitucional y respaldo inequívoco a quienes hoy ejercen liderazgo en el territorio.
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Política de seguridad en Colombia: firmeza, no relativización
Colombia enfrenta un contexto complejo en materia de orden público. Las disidencias de las FARC y otras estructuras armadas siguen representando un riesgo real para la institucionalidad. En ese escenario, cada alerta debe ser tratada bajo el principio de máxima precaución.
No se trata de alarmar; se trata de prevenir. No se trata de especular; se trata de proteger vidas. La seguridad institucional no admite ambigüedades. Cuando el Estado relativiza una amenaza, debilita su capacidad disuasiva y envía señales equivocadas a quienes desafían la legalidad.
Como concejal de Medellín, mi posición es clara: la seguridad en Antioquia debe ser prioridad nacional. Frente a cualquier posible atentado, la respuesta debe ser técnica, coordinada y contundente. En materia de seguridad y lucha contra el terrorismo, la duda siempre debe resolverse a favor de la protección de la vida, la democracia y la institucionalidad.